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El Tarot es un sistema simbólico basado en una baraja que
costa de 78 cartas, 22 de ellas Arcanos Mayores y 56 Arcanos Menores.
Las cartas son simbólicas, y de ahí su capacidad para ser una
herramienta de adivinación. Sus simbología se extrae de los jeroglíficos,
los personajes míticos, los arquetipos, la numerología, la kábala...
Los Arcanos Mayores nos muestran situaciones e imágenes arquetípicas
y relativas a los grandes principios de la vida, mientras que los Arcanos menores
nos revelan situaciones más cercanas a lo cotidiano.
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Esta práctica se basa en el conocimiento de nuestro
futuro como consecuencia de las elecciones que hemos realizado en nuestra
vida, tanto en el pasado como en el presente.
Se trata de uno de los métodos de adivinación más
antiguos. Sus orígenes se sitúan en Egipto. El Tarot y su
aplicación en las artes adivinatorias, no solamente sobrevivió
al paso de los siglos, sino que su fama fue en aumento desde ese lejano
Egipto, pasando por la Edad Media, el Renacimiento, y llegando hasta el
día de hoy.
Se trata de un verdadero tesoro que permite descifrar el significado
oculto que reside en cada carta, que a su vez se relaciona directamente
con estados del alma y circunstancias afines a dichos estados del alma.
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Conforme a lo que escribió el psicólogo Jung, cuando se consulta
el Tarot lo que se hace es leer la propia vida del consultante, los símbolos
sugieren el significado de su vida. Las diferentes cartas presentan sus experiencias,
reflejan sus propias pasiones, sus deseos inconscientes...
Jung también habla de su teoría de la sincronicidad, donde expone
que las circunstancias no suceden por azar. Nada sucede por casualidad, todo
tiene su por que.
De esta forma, con el Tarot, cuando una persona desea conocer y comprender
los símbolos que operan en su vida, el azar pone en sus manos unos arquetipos
que van a darle el significado que requieren.
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